15 mar. 2019

MELCHORA HERRERO AYORA. Verano de 1922, volviendo a Villarluengo por la nueva carretera.



Melchora Herrero había nacido “accidentalmente” en la masada “Nogueruelas” de Villarluengo donde vivían sus abuelos. Docente, periodista, aficionada a  la fotografía y escritora,   publicó varias obras literarias, durante las primeras décadas del siglo XX: "Para las mujeres. Reflexiones y Consejos" (1905), "El Jardín de las mujeres" (1906), "El Arte de las Labores llamadas útiles y artísticas" (1909), "El arte de la cocina" (1914), "Cantares para Jota" (1921), "El triunfo de Amalia" (1924), "Curso abreviado. Higiene Doméstica, Económica, Puericultura y Educación" (1925), "Cocina selecta y clásica" (1927) ,...

Con motivo del 400 aniversario del hallazgo de la Virgen de Montsanto de Villarluengo, en agosto de 1922 se desplazó desde Madrid, hasta su villa natal al haber sido invitada a participar en los actos conmemorativos. Posteriormente dejó escritas sus impresiones de aquella estancia estival en el libro “En mi Patria chica. Recuerdo del IV centenario de la aparición de Nuestra Señora de Monte Santo en Villarluengo”. Pues bien, las primeras páginas (10,11 y 12) las dedicó a describir su llegada a la Venta de la Pintada y su trayecto por la carretera que se acababa de abrir hasta Villarluengo, unas líneas que transcribimos a continuación: 

Quedóse a un lado el plan de ir a París, Ávila y Santander por saludar estas queridas y santas montañas.

¡Madrid-Puebla de Híjar-Alcañiz-Alcorisa-Venta de la Pintada-Ejulve-Masía de las Monjas-Molino de las Herrerías-Fábricas-Villarluengo! Este itinerario es el tantos años recorrido con toda serie de incomodidades, hasta que el auto sustituyó a la diligencia y la tartana a la caballería después de terminada la carretera... hasta Villarluengo, la cual ha de prolongarse por La Cañada de Benatanduz a Cantavieja.

Con la consabida tartana nos esperaban ya como otras veces, desde casa, cuando bajamos del auto en la famosa y mísera venta de la Pintada, casa de labranza más que hospitalaria mansión en cuyas entradas y calles se detienen los viajeros para reconfortarse con sus propias viandas, ya que allí poco más que agua y techado puede encontrarse. 

Eran las dos de la tarde cuando llegamos, y prosiguiendo la marcha, aquella noche a las ocho o las nueve cenaríamos en casa. Un airecillo serrano, puro y fresquito nos invitaba a la expedición.
Instaladas en la tartana, llegamos a Ejulve dispuestas a seguir pacientemente sobre el lento rodar por los serpenteos de la estrecha carretera. Unos piadosos amigos que indagaron sobre nuestro viaje el cual yo no comuniqué más que a mi familia, descubrieron el incógnito, y... ¡oh sorpresa! nos salieron al encuentro mandándonos un emisario a la entrada del pueblo desde el campo donde hacían estudios sobre caminos vecinales y carreteras.

El mensajero cariñoso era un simpático y futuro ingeniero joven, talentudo y estudioso, Alfonso Fernán, hijo de uno de los amigos que nos brindó el cambio de la tartana por un magnífico automóvil para evitarnos las molestias que nos faltaban todavía.

¿Quién duda de la elección? ¿Quién no acepta una oferta que yo sabía era sincera? 

Abandonamos la tartana de un salto, siguió ésta con los equipajes y, como nos sobraba tiempo para ir a casa aquella tarde, puesto que el auto llegaría con más rapidez, mientras terminaban nuestros piadosos amigos los trabajos de estudio de aquel día, nos detuvimos en Ejulve; vino el maestro a saludarnos, hablamos de aquellas escuelas y adquirí también noticias sobre el interés que se tomaba por ellas y por todo el distrito su diputado D. Carlos Castel. 

Llegó la hora de utilizar el auto. Se incorporaron en las afueras entre saludos y agasajos nuestros buenos amigos D. Maximino Fernández y D. Vicente Raga, y se deslizó hora y pico amenamente hablando de política y obras públicas, de las buenas gestiones del ingeniero D. José Torán, como alcalde de Teruel, de D. Fernando Hué y D. Bartolomé Estevan, esperanzados en estos ingenieros y en D. Carlos para la travesía de Villarluengo, y en Sánchez Toca, como diputado a cuyo distrito corresponde lo restante, para que en breve se subasten nuevamente los trozos que faltan de carretera hasta enlazar con Cantavieja  y poner en comunicación este rincón aislado con el reino de Valencia.
Y me reconcilié con aquellos rudos trayectos que. apareciendo con toda su variada hermosura, modeladas las rocas por los serpenteos de la intrépida carretera, y recordando paisajes de Suiza, al atravesar las fábricas y sus montañas. Llegamos a Villarluengo, que me parecía más pintoresco y grato en su nuevo aspecto al poder abordarle con más facilidad, hacerle más accesible. 

La bocina, al apearnos, atrajo la concurrencia y saludos a la puerta de casa.

A lo largo de la narración, Melchora Herrero dejó constancia detallada de la preparación y de las actividades que rodearon la fiesta del IV Centenario, de la tradición sobre el hallazgo de la Virgen en 1522, de la fundación del convento de Monte Santo y de la llegada de las monjas,… Se preocupó también por plasmar diversos aspectos vividos durante aquellos meses de verano en Villarluengo: pinceladas de la vida tradicional, los encuentros con las personas queridas y descripciones de los paisajes que le recuerdan los años de su niñez. En alguno de los párrafos evidenció la esperanza en el desarrollo que podría aportar la nueva carretera que se estaba abriendo hacia Cantavieja:
De todo el paisaje sólo nos habla de actualidad la nueva carretera, que aun ha de prolongarse por La Cañada a Cantavieja, buscando enlace con el reino de Valencia. Ella es la única esperanza de transformación que ofrece este rincón estático, de rara poesía por su rústica belleza (p. 88).

Al llegar la despedida, ya en el mes de septiembre, la autora vuelve a describir algún detalle sobre su salida de Villarluengo hasta la incorporación a la "civilización"una vez superado el trayecto que la condujo hasta La Pintada (págs., 95,96 y 97):

Iba ya de veras nuestra partida. Procuramos abreviar la despedida que bastante más allá de las afueras del pueblo nos hicieron la familia y numerosos amigos,
y tras las palabras de afecto sincero desaparecimos, agitando los pañuelos, dentro de la tartana, mientras lentamente se deslizaba por las revueltas de la carretera. ¡Adiós, patria amada, donde cada rincón, cada peña y hasta cada planta olorosa encierra un tierno arrullo de la infancia; donde las rocas son retablos de altares en este templo de mis mayores, cuyas cumbres forman ábsides, torreones en el alcázar, en la fortaleza del sentimiento!

Guardamos silencio bastante tiempo. Nuestro cuñado Enrique, que nos acompaña, nos hace más confortable la tartana con buenas mantas de viaje, y continúa nuestro silencio. El paisaje es lo que, con su variada belleza, nos distrae, y la llegada a la fuente del bosque donde queríamos llenar el termo de aquel manantial tan cristalino rompe nuestro mutismo.

La fábrica
 La tía Antonia y María, nuestra prima, han visto desde su casa, de la fábrica, bajar la tartana y salen a nuestro encuentro a decirnos adiós otra vez. Al llegar a los Órganos de Montoro, aquellas desiguales canteras que semejan flautas, aquellas rochas interminables, como también el Barranco de los Degollados, célebre por la guerra carlista, y otros sitios que pensábamos fotografiar, y que vemos o recordamos, nos hacen, con su belleza, lamentar una vez más la interrupción que la huelga de Correos hizo sufrir a nuestra labor fotográfica al no recibir los últimos carretes que pedimos.

Y entre subidas y bajadas por aquellas cumbres escabrosas salpicadas de pinos, de bojes, romeros y encinas, llegamos al- término de Ejulve, cuyas lomas están completamente embalsamadas del perfume que exhalan millares de espliegos, los que una industria desconocida por aquellas gentes ofrecía el espectáculo de unas calderas o alambiques para extraer la esencia que de las cargas de espliego obtenían en el mismo campo, unos forasteros llegados poco ha sin explicar el misterio de su empresa. Mujeres y niños, por mísero precio, arrancaban flores de espliego como pudieran ir a segar y sin saber los secretos de aque lla asaltadora industria.

Se hizo la noche y pernoctamos en Ejulve en casa de un amigo de mi cuñado, Eusebio Mormeneo, el que con su señora nos agasajó esmeradamente.

Y, ¿para qué ser más extensa? Me parece que aquí da fin la intimidad, y que, al incorporarnos en la Venta al auto, en Alcañiz al pequeño tren y en la Puebla al correo de Madrid, nos confundimos ya en el gran torrente; somos como los arroyuelos que bajan a las cañadas para unirse a los grandes ríos, como afluentes que se diluyen en el avasallador caudal que afluye a la Corte, mar inmenso en donde se agita la vida y donde se aquilatan en la lucha el mérito y las virtudes.

Melchora Herrero Ayora, en la portada de este libro figura como  Profesora de Término de la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, Profesora especial de la Escuela de Altos Estudios Mercantiles en la Sección Femenina de Vulgarización. Autora de varias obras para las mujeres y los niños y periodista”.  La revista "Nuevo Mundo" (17/11/1933), recogía la noticia de su fallecimiento con una fotografía de la escritora a la que acompañaban las siguientes palabras: " Doña Melchora Herrero, escritora y pedagoga de relevantes méritos, colaboradora de las revistas de Prensa Gráfica, que ha fallecido en Madrid, donde su merte ha sido unánimemente sentida".

"En mi tierra chica" se puede descargar en http://www.bne.es/es/Inicio/

Ver: José Serafín ALDECOA CALVO, Turolenses contemporáneos. Gobierno de Aragón, 2017.


27 ago. 2018

PRESENTACIÓN WEB EN EJULVE

El pasado sábado, 25 de agosto, en el marco de las actividades del "Verano Cultural", se presentó en Ejulve la web aragonesesdeportados.org, un proyecto de la Amical de Mauthausen que empezó su andadura a finales de 2017 gracias a una subvención del Gobierno de Aragón para desarrollar proyectos de Memoria.

La presentación del acto corrió a cargo del concejal socialista Victorino Azuara y contó con la presencia de unas cincuenta personas, la mayoría de ellas ya eran conocedoras de la temática por haber participado en las Jornadas sobre la deportación republicana que organizamos en la localidad desde el año 2006 hasta el 2012.
El Director General de Relaciones Institucionales del Gobierno de Aragón, Julio Embid, participó en el acto enumerando los principales objetivos de la Ley de Memoria que está preparando, desde hace más de un año, el ejecutivo aragonés. Hizo un especial hincapié en señalar la conveniencia de que la ley salga aprobada de las Cortes con el máximo consenso, huyendo de cualquier postura frentista. Señaló tembién la necesidad de crear un banco de ADN para facilitar la identificación de las víctimas que aún permanecen tiradas en cunetas y fosas comunes, puesto que en unos 10 años ya no quedarán hijos vivos con los que poder contrastar las muestras de ADN obtenidas en las exhumaciones.

 Personalmente me encargué de presentar los diferentes apartados de la web y, de una forma especial, me extendí en los contenidos de la Base de Datos, una herramienta mediante la cual se puede acceder a una ficha personal de cada uno de los 1015 deportados aragoneses que figuran en ella. De unos 60 de ellos se ha publicado una nota biográfica recogiendo los aspectos más importantes de su itinerario. En el apartado "monumentos y homeajes" se complementará la información de los actos realizados a lo largo de las últimas décadas en diferentes localidades aragonesas.

La presentación ha tenido una importante repercusión en la prensa regional que se puede seguir en los siguientes enlaces:





En este vídeo de Aragón tv, a partir del minuto 11: http://alacarta.aragontelevision.es/informativos/aragon-noticias-1-26082018-1359

29 may. 2018

MAYO DE 1836: el conflico carlista en las calles de Ejulve

Ramón Cabrera
En 1833 dio comienzo la Primera Guerra Carlista aparentemente por una cuestión dinástica, pero lo cierto es que existían muchas contradicciones en aquel contexto de sustitución de una sociedad tradicional por otra de corte liberal. Nuestro pueblo se vio afectado por los enfrentamientos y en sus calles e inmediaciones hubo tiros, muertos, asaltos,... Como en todos los conflictos siempre hay quien paga los platos rotos y las gentes sencillas de la época, que ya tenían muchas dificultades para superar el día a día, se vieron inmersas en un conflicto lleno de peligros y amenazas.

A lo largo del año 1836 tuvieron lugar en Ejulve diferentes escaramuzas -algunas muy graves- entre las tropas carlistas e isabelinas. Ante la presencia de los rebeldes -leales al pretendiente D. Carlos- acudían las fuerzas liberales -defensoras de la reina Dª. Isabel- acantonadas en las plazas de los alrededores, para evitar su presencia, en un momento en que las fuerzas carlistas, unificadas bajo el mando del jefe tortosino, D. Ramón Cabrera, buscaban estabilizar sus conquistas mediante la creación de unas estructuras político-militares en Cantavieja, donde se estableció su cuartel general, apoyado por un ejército que rondaba los 4.000 infantes y 200 jinetes.

Brigadier Agustín Nogueras
En este contexto de inseguridad y violencia hay que situar el atropello que sufrió en su domicilio el Beneficiado Mn. Mariano Pascual y el robo que sufrió en su propia persona el vicario Mn. Gil Tello, por un valor de 2.100 sueldos. Durante la segunda semana de febrero, fuerzas liberales desde el Bajo Aragón y desde la zona del Partido de Teruel recibieron la orden de dirigirse y actuar sobre Ejulve y Castellote, que se encontraban en poder de los carlistas. Estas presiones dieron un resultado momentáneo ya que, a primeros de marzo, encontramos de nuevo las tropas del Brigadier liberal Nogueras instalado con sus tropas en la villa.

Los enfrentamientos más graves en Ejulve se produjeron durante el mes de mayo. Según se desprende de los partes militares de los liberales que resumimos, copiados del Diario Constitucional de Zaragoza, del 18 de mayo de 1836

El día 2, el militar isabelino D. José Foxá al tener conocimiento de las exacciones que los carlistas estaban haciendo en los pueblos para establecerse en Cantavieja, desde Andorra, se dirigió hacia Ejulve donde las tropas carlistas del 2º batallón de Tortosa mantenían sus posiciones. Siendo advertida su presencia, mando rodear el pueblo por los sargentos Blas Quijano, Manuel González y Mateo Blanco, mientras que él penetraba en el pueblo, consiguiendo, tras duros enfrentamientos, echarlos de la villa quedándose con los repuestos de harina, trigo, cebada, carne, pan, armas y otros utensilios que preparaban para el fuerte.
Joaquín Quílez
A media tarde del día 11 salían las tropas isabelinas de Ejulve hacia Alcorisa, cuando fueron rodeados por las tropas de Quílez, Serrador, Forcadell, el Organista y demás sumando en total unos 2.500 a 3.000 infantes con unos 300 caballos, siendo a la salida del pueblo. El número de cristino ascendía a 280 infantes y 80 caballos. El brigadier Foxá dispuso que la infantería y 50 caballos se retirasen al pueblo y los sostuvieran mientras él se dirigía a Alcorisa en busca de refuerzos. A las 9 de la noche se produjo el ataque llegando los carlistas hasta la Plaza donde fueron rechazados dejando más de 60 muertos y 50 heridos. Durante la acción la mitad de los oficiales se batían y la otra mitad se ocupaba de fortificar la iglesia, el ayuntamiento y casas colindantes. Tras este primer ataque los carlistas no volvieron a presentarse. Llegados los refuerzos al día siguiente salieron los cristinos hacia Alcorisa con unas bajas - muertos, heridos y desaparecidos- que superaban los 60 hombres; entre los muertos se encontraban 3 oficiales de la Reina.

Tanto este encuentro como el que se produjo unas semanas más tarde, demuestran la dificultad que tenían los contendientes para controlar, de una forma efectiva, las poblaciones y el territorio de la comarca, llevando a cabo acciones de represión y venganza extremas contra el enemigo: el 29 de mayo, por orden del cabecilla carlista Quílez, fueron fusilados en Ejulve 45 fusileros y oficiales del ejército liberal.
Enfrentamiento en la Primera Guerra Carlista
Hubo más enfrentamientos entre liberales y carlistas en nuestro pueblo y muchos más en el resto del territorio del Maestrazgo, Bajo Aragón,...: durante los primeros días del mes de junio, el comandante isabelino de Alcorisa supo que Quílez se encontraba por los pueblos requisando armas. Salió en su busca y el día 6 encontró a unos 20 o 25 carlistas en Ejulve. Dio la orden de ataque con 30 hombres quienes se enfrentaron durante algún tiempo y regresando "por cansancio" a sus filas. Un miembro del ayuntamiento informó al comandante liberal de lo ocurrido y el escribano le indicó "...que no le han dejado hacer un registro y que no dejan ir a nadie por aquella parte del ayuntamiento" y que de los 23 o 24 que había en el pueblo, sólo se habían reunido 7 sin que tuviese conocimiento del paradero de los restantes. Fue hecho prisionero y fusilado un quinto desertor de Bordón y capturaron, a pesar de no hacerse con el control de la villa, un caballo, armas, mantas, alforjas, raciones de pan y carne, y rescataron a un "infeliz" que iba a ser fusilado por los carlistas por llevar un oficio a Montalbán.

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